Hoy no puede acabar
mejor el día que con una reflexión que dice muchas cosas a la vez:
ҬVivimos en una
sociedad de soledades. Cuanta más multitud, más soledad. Y esta paradoja no
puede ser más acertada. El Otro es visto casi siempre como una amenaza al Yo,
como alguien que nos limita, nos coarta, nos condiciona, que exige algo que nos
pertenece, requiere nuestra atención, o reclama sus derechos y sus espacios.
Pero, ¿por qué el Otro siempre es una amenaza? ¿Quizá porque no lo conocemos?
¿Y por qué no puede ser una promesa?
¿Por qué ese miedo no
se puede traducir en una oportunidad?”
Sin duda nuestra vida
sería muy diferente si dejáramos a un lado ese miedo. Confiar en que nuestra
perspectiva y manera de ver la vida puede cambiar a mejor, aunque nos parezca
que no. Saber que merecemos siempre lo mejor porque no hay personas malas,
simplemente sucesos no deseables que han ocurrido en nuestra vida para hacernos
fuertes sí, pero no para que reproduzcamos lo que anteriormente nos ha hecho
sufrir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario